‘Doctor Strange’: sin trampa ni cartón


Doctor Strange

Decía Arthur C. Clarke que la magia es simplemente ciencia que no entendemos aún. Si ‘Doctor Strange’ supone la irrupción de la magia en el universo cinematográfico de Marvel, habrá que asumir que elementos como el martillo de Thor, el cetro de Loki, los portales interdimensionales o las Gemas del Infinito no eran magia, sino ciencia avanzada. Por no hablar de cuestiones más mundanas como el suero del Supersoldado, el traje de Ant-Man o el mapache parlanchín Rocket. De acuerdo, aceptamos pulpo como animal de compañía.


A nadie se le escapa que el factor fantástico es un invitado habitual de este tipo de cine. En el caso del Doctor Extraño, simplemente cambiamos ciencia, alienígenas y dioses por misticismo, poderes mentales, control de energías, viajes astrales, dimensiones paralelas, etc. Nada denso, pues la magia es una excusa como cualquier otra para ofrecernos un espectáculo visual que, milagrosamente, no llega a caer en el exceso. En esta ocasión, la grandilocuencia pasa a un segundo plano en pos de la belleza plástica y el dinamismo. Las escenas de acción que juegan con la distorsión del espacio (y a veces del tiempo) dan muchísimo juego y están lo suficientemente bien rodadas como para que, ¡aleluya!, podamos seguir la acción sin perdernos.

Dejando a un lado el apartado visual, estamos ante la típica historia de génesis del héroe, con las convenciones habituales del género. Sin duda, una sensación de déjà vu que echará para atrás a algunos espectadores, pero que hará las delicias de quienes disfruten con este tipo de historias. Además, que sea una película sobre el origen del personaje hace que sea muy accesible al público ajeno a las viñetas; hasta me atrevería a decir que es de las pocas películas de Marvel lo suficientemente autónomas como para ser disfrutadas sin haber visto el resto, lo cual es todo un logro.


No hay sorpresas en el reparto, con un Benedict Cumberbatch que se adueña por completo de la función y cuya presencia viene de perlas a la hora de encarnar a un personaje más bien desconocido para el gran público. Un acierto de casting que, por otro lado, no ayuda a escapar de la sensación de que el actor se está encasillando en los papeles de genio sociópata (si es que no lo está ya).

A la batuta tenemos a Michael Giacchino, componiendo una banda sonora que, si bien no es memorable, consigue despuntar alejándose por momentos de convencionalismos. Destaca la pieza ‘The Master of the Mystic’, que suena durante los créditos finales y que hace las veces de tema central. El sitar y la guitarra eléctrica le dan un toque psicodélico que nos retrotrae al rock de hace unas décadas, combinado con sonidos barrocos en una mezcla tan exótica como efectiva.


Tal vez ‘Doctor Strange’ no será recordada como una de las grandes películas de Marvel, al no ser la más fastuosa ni la más profunda, pero en mi opinión, nos encontramos ante una de las propuestas más sólidas del estudio. Probablemente, la mejor película de presentación de personaje junto con ‘Iron Man’. Un filme que, a pesar de su envoltorio pretendidamente efectista, no elude pisar lugares comunes del género. Aunque parece distinto, en el fondo es más de lo mismo, lo que no es necesariamente negativo cuando se mantiene el nivel de calidad. No será magia, pero es un buen truco.





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